Walter Zurita había viajado desde San Isidro para participar del Enduro del Invierno y sufrió el robo de su moto de competición durante la madrugada. También le dañaron su camioneta para poder retirarla del lugar. En diálogo con CNM Radio, contó cómo fue el momento en que descubrió el robo, la incertidumbre por la falta de novedades y aseguró que el hecho podría haberle puesto punto final a su carrera deportiva.
Walter Zurita llegó a Pinamar durante la madrugada del sábado con un objetivo muy concreto: participar una vez más del Enduro del Invierno. Después de una semana preparando su moto, llegó al complejo hotelero donde se alojaba, dejó el vehículo listo para la competencia y se fue a descansar. Horas más tarde, cuando se levantó para dirigirse al circuito, descubrió que su moto ya no estaba.
El robo ocurrió en un complejo ubicado en la zona del hotel Gulliver y Cul de Sac Fidias. Según relató el propio piloto en una entrevista con CNM Radio, la moto se encontraba guardada en un subsuelo que contaba con cámaras de seguridad. Zurita también señaló que, según le habían informado, el lugar debía contar con un sereno, aunque aseguró que finalmente descubrieron que esa persona nunca estuvo allí.
“Yo llego el sábado, prácticamente muy de madrugada, para la carrera porque corro Enduro de Verano y Enduro de Invierno”, explicó Walter al recordar las horas previas al robo. El piloto contó que después de participar de los entrenamientos regresó al complejo, terminó de lavar la moto, la dejó preparada y cargada para la competencia. Todo parecía estar listo para salir al circuito a primera hora.
“Me levanté a las siete de la mañana para salir, para ir para el circuito, cuando encuentro la moto, todo tirado, abajo del garaje, todos los portones abiertos. Un desastre, un desastre”, relató.
La escena que encontró confirmó que no se había tratado simplemente de un robo oportunista. Para sacar la moto del lugar, los “Se robaron mi moto y me rompieron la camioneta”, contó durante la entrevista. Según explicó, los daños fueron provocados para poder bajar y retirar la moto del sector donde estaba guardada.
La primera reacción fue buscar las cámaras. Walter explicó que intentó comunicarse inmediatamente con los responsables del complejo y acceder al material de seguridad. Sin embargo, aseguró que ninguna persona de la administración se hizo presente en el lugar. “Lo primero que miramos es hablar con la gente del complejo, que tampoco se hizo presente. No vinieron nunca”, relató. Finalmente, fueron las empleadas que se encontraban allí quienes le facilitaron el contacto y parte del material registrado por las cámaras. Con esas imágenes comenzó también la investigación para intentar determinar hacia dónde fue llevada la moto y quiénes fueron los responsables. Walter realizó la denuncia policial y aportó el video y fotografías del vehículo.
El piloto destacó la atención recibida en la dependencia policial, aunque contó que la denuncia recién pudo ser tomada cerca de las 11 de la mañana porque el oficial encargado no se encontraba en ese momento. “Las chicas estaban en la comisaría, me atendieron muy bien, la verdad que no me puedo quejar”, señaló. Después de realizar la denuncia, también tomó contacto con personal de investigación y entregó todo el material que tenía disponible. Sin embargo, hasta el momento de la entrevista no había recibido información concreta sobre el paradero de la moto. Una de las cuestiones que más incertidumbre le generaba era saber si las cámaras del Municipio habían registrado el paso del vehículo una vez que los delincuentes abandonaron el complejo.
El piloto regresó a Buenos Aires pocas horas después del robo. Vive en San Isidro, trabaja de manera independiente y explicó que no podía permanecer indefinidamente en Pinamar esperando novedades. “Anoche no dormí, estoy sin dormir, esperando algún mensaje que me diga: ‘Che, encontramos la moto’”, contó con angustia. Hasta ese momento, ese mensaje nunca había llegado. Una moto preparada durante una semana y valuada en unos 15 mil dólares El robo no representa solamente la pérdida de un vehículo para Zurita. La moto es una herramienta fundamental para su actividad deportiva y, además, tiene un enorme valor personal.
“Trabajamos para eso, para hacer un deporte que nos gusta y lamentablemente termina de esta manera. Un fin de semana horrible, la verdad que horrible. No se lo deseo a nadie”, expresó. La moto tiene además un valor económico que hace todavía más difícil pensar en una rápida reposición. Según explicó Walter, en el mercado cuesta aproximadamente 15.000 dólares. “Es el esfuerzo prácticamente de toda una vida de poder comprarla, ir renovándola, ir manteniéndola”, señaló. A diferencia de una moto convencional, la de competición no cuenta con un seguro que permita recuperar su valor en caso
“Algunos me preguntan: ‘¿Cómo? ¿No tenés seguro?’. Y las motos de carrera no se aseguran, no te la asegura nadie”, explicó. Y comparó la situación con asegurar un automóvil de competición. “Me acaban de sacar una pasión” Con 53 años, Zurita compite en la categoría Máster y reconoce que ya estaba transitando una etapa avanzada de su carrera deportiva. Por eso, el robo adquiere para él una dimensión mucho mayor que la económica. “Me acaban de sacar una pasión y una moto”, dijo durante la entrevista con CNM Radio.
Y agregó: “Yo ya soy un hombre grande, tengo 53 años, corría en la categoría Máster, o sea que ya estoy casi para retirarme y ahora me retiraron del todo”. La frase resume el impacto que tuvo el robo para el piloto. La posibilidad de recuperar la moto no solamente significaría recuperar un bien de alto valor económico, sino también la posibilidad de continuar haciendo aquello que lo llevó hasta Pinamar. Walter fue contundente al explicar que, si la moto no aparece, difícilmente pueda comprar otra. “No voy a volver a poder comprarla, por lo que valen”, sostuvo.
El piloto también reconoció que el episodio podría modificar su relación con Pinamar, una ciudad a la que aseguró querer especialmente y donde además tiene familiares. “Me encanta Pinamar, tengo familia en Pinamar”, contó. Sin embargo, admitió que el recuerdo del robo podría quedar asociado para siempre con la ciudad si la moto no aparece. “Cada vez que vaya a Pinamar, me va a venir este recuerdo. Bien no la voy a pasar, es así”, expresó.
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